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Diálogo intercultural global (4) – Derechos y responsabilidades son una misma cosa
Germà PELAYO
Monday, November 18, 2002 12:04 AM
ººº Resumen: Además de la necesaria profundización en los derechos humanos
para cubrir los diferentes aspectos de la dignidad individual y de la
supervivencia cultural, se están empezando a construir y reclamar las
responsabilidades, por ejemplo, la Alianza las plantea en la Declaración de
responsabilidades humanas. Creo que paralelamente a estas dos líneas, hace
falta también plantear un tipo de derecho o de justicia relacionales, en el
que en vez de atribuir a un *sujeto* una categoría abstracta de derechos o
responsabilidades, se planteen las *relaciones*, como hechos concretos reales
que deben enriquecerse de manera plural y adaptada a cada situación. Eso es
válido también a escala globalººº
Antes de empezar, quiero recordar que me permito reflexionar sobre estos temas
de manera quizás poco práctica para un futuro inmediato, porque creo que antes
de pasar a temas más concretos en los próximos meses, necesitamos un tiempo
para reflexionar e intercambiar puntos de vista de la manera más imaginativa y
reflexiva posible. Así, poner límites a la razón de ser de los derechos
occidentales basados en el sujeto y no en la relación, que es lo que intentaré
hacer aquí, no me ha de impedir más adelante denunciar la falta de derechos y
de dignidad que padecen muchos seres humanos y que un PM debe ayudar a
resolver. Para mí no son visiones rivales que compiten por la primera página
de un programa de cambio mundial, sino que, desde una perspectiva histórica y
holística, son aspectos complementarios que se encabalgan los unos a los
otros, cartas diferentes que hay que sacar oportunamente según como ande la
partida.
Y vamos,
Imaginemos por un momento un mundo en el cual, como algunos han dicho ya
durante este mes, la comunidad política se extendiera no sólo a todas las
personas sino también simbólicamente, (en lo que respecta a la capacidad
voluntaria de decisión), a la naturaleza entera. Imaginemos que también
incluimos la esfera de lo desconocido que hablé en mi mensaje anterior
(Dialogo intercultural (3) del 10.11.2002). Es decir, un planeta que sin
renunciar a su sofisticación y complejidad, sepa inspirarse en la visión de
las cosas, entre otros, del espíritu sencillo de los autóctonos américanos,
que son parte de la tierra y del cosmos. Crear una comunidad política
*holística* o *cósmica*.
En esta visión del mundo, cada persona, grupo, país, cultura, se relacionan de
forma diversa y múltiple entre ellas, y también con los animales, las plantas,
el agua, las piedras, las musas, los símbolos y los dioses.
Aunque las cosas son más complejas de lo que puede dar de sí esta imagen
quizás idílica, para poder explicarlo podemos hacer una abstracción, e
imaginar que cada uno de estos múltiples lazos se descompone en relaciones
binarias entre dos elementos, a elegir entre los citados más arriba o muchos
otros.
Derechos y responsabilidades se imbrican y simultanean...
¿Qué ocurre entonces con los llamados *derechos* y con sus supuestamente
contrarios, las *responsabilidades*? Ocurre que su ejercicio cotidiano tiene
lugar en cada una de estas relaciones binarias, y lo que es un derecho para mí
es responsabilidad para ti, y al revés.
Por ejemplo, mi libertad implica tu responsabilidad de respetarla, y al revés.
Pero además, tu capacidad creativa intelectual, artística, profesional... son
formas por las cuales ejerces, en una misma acción simultánea, tu derecho a
una iniciativa autónoma, y la responsabilidad de ejercerla en bien de ti mismo
y / o de la comunidad. A su vez, los demás tienen el derecho de responder a
ella, y la responsabilidad de hacerlo de manera constructiva. El derecho y la
responsabilidad no son entonces elementos opuestos ni tan siquiera separados,
sino realidades imbricadas, en billones de relaciones que tejen nuestro mundo.
Una justicia o derecho basado en relaciones, complementaria de la que se basa
en sujetos
Así, mientras por un lado hace falta continuar con una estrategia denunciativa
para reclamar los derechos propios a la dignidad de las personas, en un
sentido mucho más extenso del que propone el liberalismo, por otro, hay que
saber mirar las cosas desde otra perspectiva e imaginar una justicia (local,
global...) basada no solamente en el *sujeto* sino ocupado también de la
*relación*.
El sujeto de derecho –en el derecho occidental, sujeto sobretodo individual
pero también colectivo, especialmente los estados soberanos como sujetos de
derecho internacional predominantes y hasta hace poco exclusivos- es una
noción que implica una visión fragmentada de la realidad. La relación es una
noción que implica una visión integradora. Ninguno de los dos es mejor que la
otra, pues a veces hace falta fragmentar para entender y avanzar. Yo creo que
las dos son complementarias.
Habrá pues que imaginar un programa en que, junto a los derechos humanos (que
hay que ampliar) y las responsabilidades (que hay que empezar a construir, por
ejemplo tal como se propone en la declaración de responsabilidades de la
Alianza), seamos capaces de desarrollar una noción relacional de la justicia,
en la que el objetivo sea la mayor integración social a partir del
enriquecimiento de la calidad de las relaciones, vistas de manera binaria o
múltiple, desde un estado de coerción o de competencia actuales, a uno de
cooperación en el futuro. Un derecho que sea capaz de tomar en cuenta *al
menos* tanto las intenciones como los hechos, tanto en lo local como en lo
global.
¿Cómo se aplica en la práctica este derecho? Es algo que todavía se ha de
inventar. Una pista puede ser inspirarse de algunos derechos consuetudinarios,
en los que la regla y no la excepción es la adaptación al caso particular por
encima de las abstracciones igualitarias.
Por ejemplo, más allá de una regla abstracta como el derecho demográficamente
proporcional a contaminar de cada país (que incluso estamos lejos de que se
aplique), hay que estudiar, caso por caso, formas de discriminación positiva o
negativa, en función de la historia de cada sociedad y de sus necesidades de
desarrollo, por otro lado expresadas de la manera más pluralmente posible que
permitan los niveles de educación participativa de cada lugar.
Pero eso es solo un ejemplo y quizás no el mejor. Lo importante es dejar un
espacio para cuestionar nuestros conceptos occidentales, respecto al derecho
también, sin por ello dejar de usarlos cuando sea necesario, por no disponer
de otros. Es lo que tienen en común dos ideas como la innovación y la
tradición. Tal como explicaré más adelante (si puedo).
Un abrazo,
Germà
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