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Por un Parlamento Mundial de los Pueblos

Gustavo Marín
Programa Futuro del planeta
Fundación Charles Léopold Mayer, París






[Texto presentado en la mesa redonda “Legisladores y Autoridades locales” durante la Conferencia Diálogos de la Tierra, organizada por la Cruz Verde Internacional y el Consejo de la Tierra en Lyon, Francia, del 21 al 23 de febrero de 2002.]

Una de las principales propuestas que surgieron de la Asamblea Mundial de Ciudadanos, que tuvo lugar en Lille, Francia, en diciembre de 2001, fue la de lanzar la idea de preparar un Parlamento Mundial de los Pueblos.

Desde hace algunos años, esta propuesta ya estaba presente en las reflexiones de los grupos de trabajo de la Alianza para un mundo responsable, plural y solidario. En particular, los talleres temáticos que trabajan alrededor de las cuestiones de la gobernanza mundial y la renovación de los sistemas políticos habían puesto en primer plano la necesidad de refundar los sistemas de gobernanza a escala planetaria.

Cabe constatar el hecho significativo de que, durante la Asamblea Mundial de Ciudadanos, fueron los participantes del grupo de América del Norte quienes propusieron esta idea. En efecto, Rob Wheeler, Coordinador del Millennium Peoples Assembly Network con base en Nueva York, fue quien anunció esta propuesta al presentar el informe sobre los trabajos de dicho grupo. También es significativo que Siddhartha, con base en Bangalore, India, coordinador de la Alianza en Asia-Pacífico, haya retomado esta idea en su discurso de clausura de dicha Asamblea.

La búsqueda de una nueva instancia de representación de los ciudadanos a escala mundial había sido propuesta al final de la segunda guerra mundialpor los fundadores de los distintos movimientos “mundialistas”, tales como los Ciudadanos del Mundo. Estos grupos preconizaban la instauración de un gobierno mundial, capaz de sobrepasar las fronteras geográficas y estatales para dirigir los destinos profundamente quebrantados por la guerra. Pero la noción de gobierno mundial no sólo era controvertida, sino que además era de difícil aplicación, dado que el marco político de guerra fría que se impuso entre las grandes potencias hizo que esta tentativa quedara congelada.

En la época de la globalización, sin embargo, la necesidad de un Parlamento Mundial de los Pueblos se torna evidente. No sólo los responsables políticos sino también los ciudadanos sienten la necesidad de construir una nueva instancia capaz de regular las diversas propuestas para vivir en paz en un mundo de diversidad.

A lo largo de los años ’80 y principios de los ’90 se empezó a vislumbrar la perspectiva de preparar un Parlamento Mundial de los Pueblos. Las Conferencias organizadas por las Naciones Unidas, seguidas en paralelo por los encuentros de las ONGs anunciaron el surgimiento de una nueva sociedad civil a escala mundial. Nueva, porque se desprendía de los antiguos modelos ideológicos y de los viejos métodos de organización social y política, empezando a abrir nuevos caminos para hacer frente a la globalización capitalista. Búsqueda de nuevos paradigmas, de nuevas relaciones masculino-femenino, de nuevos lazos entre las generaciones, valorización de la interculturalidad, de la diversidad, reivindicaciones de nuevos derechos humanos, búsqueda de una nueva relación con la Tierra y el Universo : todos estos elementos constituyeron un terreno fértil para esta nueva sociedad civil mundial, cada vez más pluricultural.

Este surgimiento se dio en un momento en el que asistíamos a cambios de gran envergadura : la caída del muro de Berlín en 1989 marcaba un punto de inflexión histórico, la globalización capitalista se convertía en el sistema dominante indiscutido...algunos afirmaron incluso la llegada del “fin de la historia”. Los ciudadanos se encontraron frente a un capitalismo que ya no tenía ningún adversario ideológico o económico, la sociedad soviética y sus satélites se desarmaban inevitablemente. Una nueva globalización de los mercados, financieros y comerciales, una sociedad con sistemas de información cada vez mas omnipresentes y una expansión cada vez más fuerte de la modernización capitalista transformaron profundamente la economía, la sociedad y la cultura.

Pero dentro de este nuevo y dificultoso contexto, la sociedad civil mundial ha ido marcando otro camino. A principios del siglo XXI, el Foro Social Mundial de Porto Alegre, Brasil, representó una nueva perspectiva de unión de la sociedad civil mundial, más autónoma con respecto a las instancias de las Naciones Unidas. La Alianza para un mundo responsable, plural y solidario, iniciada en 1994, constituye asimismo un proceso inédito y pionero dentro de las nuevas formas de construcción de esta ciudadanía a escala mundial que se perfila en los umbrales de este nuevo siglo.También se están desarrollando otras alianzas y redes internacionales y el Consejo Internacional del Foro Social Mundial reúne a un centenar de entre ellas.

Proseguir con los Foros Sociales Mundiales constituye una perspectiva prometedora. El segundo acaba de realizarse y obtuvo un mayor seguimiento que el primero. El próximo, en enero de 2003, se realizará nuevamente en Porto Alegre y estará precedido por varios foros continentales y temáticos. En enero de 2004 está previsto organizarlo en la India y, en el 2005, en un país de África. Este encuentro anual constituye una cita indispensable para la convergencia de las diversas iniciativas que luchan por una globalización ciudadana, capaz de contrarrestar la hegemonía de una globalización dirigida por las potencias capitalistas y, en particular, por las fuerzas más conservadoras del sistema político norteamericano.

Pero la continuación de los Foros Sociales Mundiales o de otros encuentros internacionales necesita ser polarizada por la preparación de un Parlamento Mundial de los Pueblos. Si no hay una perspectiva de constituir dicho parlamento a mediano plazo, hacia el 2010 o antes si es posible, los encuentros anuales de organizaciones y de redes que obran por otro tipo de globalización corren el riesgo de diluirse o dispersarse.

De cualquier manera, cabe señalar que la preparación de un Parlamento Mundial de los Pueblos representa un desafío inédito. Construir una instancia representativa y democrática a escala mundial es una tarea a la cual los ciudadanos nunca se han visto confrontados. Incluso a nivel de los sistemas democráticos nacionales existen graves problemas en cuanto a la representación proporcional de las poblaciones y las culturas, la participación activa de los ciudadanos, la gestión responsable de las autoridades electas, la utilización abierta de los medios de comunicación y el control efectivo del poder por parte de aquéllos sobre quienes se ejerce dicho poder. Estas deficiencias pueden inducir problemas aún más grandes a escala mundial.

Además, las prácticas democráticas no han llegado a todo el mundo y, por otra parte, en los países que cuentan con una larga tradición democrática se observan con frecuencia fenómenos de corrupción, impunidad y falta de transparencia en la gestión de los asuntos públicos.

La invención de nuevas instancias de participación y de acción de los ciudadanos, como complemento de las alianzas, los foros, los partidos o los movimientos sociales, es un desafío crucial de esta época.La preparación de un Parlamento Mundial de los Pueblos puede parecer una tarea inmensa pero, paradójicamente, puede ayudar a superar algunos obstáculos en la búsqueda de una renovación democrática a escala mundial. El impulso que dará la apertura de esta nueva perspectiva en el ámbito internacional irá en favor del cuestionamiento de las estructuras internacionales e intergubernamentales, que siguen trabadas a causa del peso burocrático impuesto por los sistemas estatales, que todo el mundo concuerda en calificar de obsoletos.

En definitiva, la elaboración colectiva y la convalidación ampliamente consensual de una Carta de las responsabilidades humanas o de una Carta de la Tierra podrán llevarse a cabo en una instancia nueva como la de un Parlamento Mundial de los Pueblos. La discusión de estos textos refundadores por parte de las más variadas organizaciones de la sociedad civil y los responsables políticos, religiosos y espirituales de todas las culturas constituye asimismo un medio esencial para la preparación de dicho Parlamento.

Se perfila en los umbrales de este siglo una agenda ciudadana del siglo XXI. Los Foros Sociales Mundiales, los Encuentros Continentales de la Alianza para un mundo responsable, plural y solidario, la Asamblea Mundial de Ciudadanos y los Diálogos de la Tierra entre otros, constituyen nuevas citas que fija la sociedad civil mundial en una época en la cual las crisis y las guerras prefiguran un sombrío porvenir, tal vez hasta más sombrío que aquél que vislumbraron nuestros abuelos al comenzar el siglo XX. Un Parlamento Mundial de los Pueblos puede parecer una ambición utópica. También puede ser una oportunidad histórica para esta y para la próxima generación.
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