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Llamado a la participación en el Foro Electrónico sobre el Parlamento Mundial para el Siglo XXI
Problemática y propuesta
La mundialización que vivimos en nuestro tiempo, fenómeno con que hasta ahora culmina el proceso histórico de larga duración que llamamos modernidad, nos enfrenta a una serie de problemas de alcance planetario frente a los cuales, a pesar de algunos esfuerzos considerables, no hemos conseguido aún encontrar una respuesta común.
En nuestro planeta el egoísmo de algunos y la indiferencia de muchos permiten, entre otros males, que la miseria conviva con la opulencia, que las guerras acaben con las vidas de millones de personas inocentes, que el medio ambiente se fragilice y transtorne amenazando con cataclismos cada vez más a regiones y países, que todos debamos afrontar la mediatización omnipresente de un individualismo que nos desresponsabiliza y nos adormece con falsos paraísos de consumo. Lo que es peor, cada uno de estos y otros desastres se acrecientan a pasos agigantados. Un solo ejemplo, la inminencia del ataque militar que el gobierno de Bush, ávidamente, va a llevar a cabo sobre Iraq, sin el consentimiento de Naciones Unidas, sin ni siquiera el consentimiento de los aliados de los EE.UU. Al injusto y poco democrático libre comercio, se superpone la ley justiciera, irracional y sin argumentos del más fuerte.
Nuestro mundo navega sin timón, a la deriva. La dimensión de la ley y de la articulación normativa está ausente de esta comunidad humana. Y sabemos que el destino definitivo de un barco a la deriva es el de hundirse o estrellarse contra las rocas. Lo mismo que todas las partes de un barco le son necesarias a éste: velamen, quilla, mástiles, casco, jarcias, timón... toda comunidad humana se organiza a partir de algunas dimensiones comunes imprescindibles, entre ellas la económica, la ecológica, la tecnológica, la nutricional, la artística, la espiritual... y también la jurídico - política. Ésta última es como el timón regulador que "conduce" la sociedad de un pueblo, de una ciudad, de un país.
En cambio el planeta, dicen algunos, se autoregula a través del mercado. Los estados - nación, otrora relativamente articuladores de sus políticas internas, son hoy por hoy incapaces de afrontar las graves consecuencias de la marea gigangesca e impredecible de la economía mundial. La ausencia de una ordenación política planetaria facilita y provoca la distorsión, la perversión o incluso el sofocamiento de muchos los intercambios culturales, económicos, tecnológicos, interpersonales... que el presente nos brinda y que en principio deberían estar destinados a enriquecernos en un mundo de paz, bienestar, libertad y justicia.
Estamos inmersos en la realidad de una balbuceante comunidad humana que aún no se atreve a mirarse a sí misma, que no se atreve a encarar frontalmente el compromiso de un cambio de actitud personal, cultural y política hacia el diálogo, la solidaridad, la justicia y el respeto hacia los otros, única manera de ir hacia adelante. En esta crisis compleja que necesita respuestas concretas multifacéticas, una de ellas nos interpela pero en cierto modo nos atemoriza: la construcción de una estructura político - jurídica a escala planetaria.
Ante tal desafío, tenemos miedo de mirar atrás, porque el espectro de las ideologías del siglo XX nos perturba aún con sus cantinelas de salvación. Tenemos miedo de la política en general; de la irresponsabilidad, la falta de ética y de osadía de nuestros gobernantes y representantes, pero paradójicamente, más que nunca necesitamos una respuesta política a la globalización irresponsable que desde el fin de la guerra fría nos propone el mercado, para evitar el cataclismo generalizado hacia el cual nos dirigimos.
Por un lado una revolución ética, que requerirá el trabajo de varias generaciones, nos es imprescindible para operar una transformación hacia un mundo donde el respeto y la armonía sean valores fundamentales. Por otro lado una revolución política es imperativa a corto o medio plazo para evitar lo peor y asegurar las condiciones socioeconómicas que garanticen un lugar a esa otra metamorfosis, necesariamente lenta, de las conductas de las personas y de los pueblos.
En esta perspectiva, la primera pregunta que debemos hacernos es: ¿qué ámbito puede ser adecuado para regular los asuntos mundiales? En la alianza para un mundo responsable, plural y solidario, una red planetaria de reflexión y acción constructivas, en la que nos reunimos miles de personas de todos los continentes, categorias sociales y profesionales, hemos trabajado durante 15 años perfilando propuestas para una transformación política y social. Entre ellas hemos apostado por un Parlamento Mundial como estratégia de ordenación futura de la dimensión jurídico - política de la comunidad humana.
Como ejemplo de nuestro compromiso en esta dirección, la dinámica anterior de la alianza culminó recientemente en la experiencia del encuentro finla de la Asamblea Mundial (en Lille, Francia, en diciembre del 2001). Por otro lado nuestra experiencia se apoya en acontecimientos paralelos como el de la Red de la Asamblea Global de los Pueblos (GPAN), las asambleas de las Naciones Unidas de los Pueblos (Perugia, Italia), y el Forum de ONGs del Milenio (Nueva York, mayo del 2000)
Si la democracia liberal del sistema de estados soberanos ha resultado ser, en palabras de Winston Churchill, "el peor de todos los sistemas conocidos, a excepción de todos los demás", ante la era post-estatal que se abre con la mundialización, nosotros estamos convencidos que a pesar de las imperfecciones que pudiera contener y que hará falta conocer y afrontar, un parlamento democrático es una alternativa necesaria y viable para domar y reducir las fuerzas ciegas del mercado.
Un Parlamento Mundial parece ser el siguiente y lógico paso a dar hacia un sistema de gobernanza que a escala global reflejaría lo que ha sido esta gobernanza en los confines tradicionales del estado-nación. Como tal, un Parlamento Mundial constituiría el resultado lógico de un proceso que empezó en el siglo pasado, y que constituyó una salida de un mundo completamente anárquico gobernado por los nación-estados individuales, hacia un sistema más complejo que se esfuerza por ser progresivamente democrático y más justo. A pesar de hacerse lentamente, esta evolución hacia el progreso se ha dado de verdad. Más de medio siglo después de la creación de las Naciones Unidas se ha constituído una Corte Penal Internacional. Pero a pesar de todos estos adelantos, el sistema internacional se gobierna todavía principalmente por la ley de la fuerza y no por la fuerza de la ley.
Mientras las Naciones Unidas han tenido un impacto importante en la política mundial, también ha mostrado sus límites. Aunque su papel se incrementará todavía en el futuro, probablemente esta institución no podrá por sí sola llevar adelante las reformas necesarias para mejorar y consolidar el sistema. Los estados por sí solos, incluso los más democráticos, han demostrado que todos sus gobiernos toman demasiado a menudo las decisiones importantes sin consultar sus electores y definen sus políticas según una definición estrecha del interés nacional. Por ello, deben crearse otras instituciones para cubrir el vacío.
Junto a la comunidad de estados, Naciones Unidas y una Corte Internacional de Justicia fortalecida, un Parlamento Mundial puede actuar como representante de la sociedad civil internacional. En la pasada década, la sociedad civil ha regresado con todas sus fuerzas. Se ha reorganizado y es ahora un actor internacional fundamental. La sociedad civil ha derrumbado las barreras tradicionales y ha evolucionado en un mundo sin fronteras. Sin embargo, desde una perspectiva institucional, la sociedad civil no se ha ofrecido a sí misma todavía la morada que merece. Un Parlamento Mundial puede proporcionarle esta morada. Por ello nosotros vamos a intentar visualizarla, y quizás tratar entre todos de poner sus cimientos.
Siguiendo estas reflexiones, ahora y aquí le invitamos a participar a usted en una nueva etapa de este trabajo: un foro electrónico sobre el Parlamento Mundial para el siglo XXI. En él tendrá oportunidad de analizar, cuestionar y modelar con nosotros los valores subyacentes, los desafíos presentes, las posibilidades organizacionales, las utilidades concretas, las espectativas de aplicación... que rodean a esta propuesta en el ámbito de la gobernanza global. Más importante aún, las últimas semanas se dedicarán a plantear ideas para los pasos futuros a dar y todos aquellos y aquellas que deseen comprometerse en su aplicación podrán hacerlo.
Características del foro electrónico
El foro de discusión se va a desarrollar durante seis meses, del 15 de octubre del 2002 hasta el 30 de abril del 2003, y va a reunir participantes de todas las regiones del mundo, diversos por su profesión: políticos, investigadores, activistas, educadores, religiosos, empresarios... diferentes también por su orientación política, por género y por edad.
Un resumen semanal o quincenal de los mensajes se elaborará, así como un resumen mensual que reúna el conjunto de las aportaciones de cada uno de los cuatro temas. Estos resúmenes serán de especial utilidad para las personas que dispongan de poco tiempo y para poner al día de las conclusiones provisionales a las personas que se vayan incorporando más adelante.
Usted recibirá el mensaje en tres idiomas: ingles, español y francés, y podrá escribir en cualquiera de los tres y en otros dos más: árabe o chino. Para estos dos idiomas adicionales solamente estarán disponibles las síntesis. Si usted, o alguien que usted conozca, quiere participar como voluntario, estaremos interesados en que nos pueda traducir los documentos y diálogos a otros idiomas, incluído el esperanto.
El foro es una iniciativa de la alianza para un mundo responsable y solidario, organizado por un equipo de animación de tres personas y financiado por la FPH (Fondation Charles Léopold Mayer pour le Progrès de l' Homme)
Para entrar en materia...
Como punto final de esta invitación, le proponemos la lectura de unas breves reflexiones complementarias, que quizás puedan servirle para entrar en materia e inspirarle para elaborar sus primeras reacciones.
En la propuesta de un Parlamento Mundial convergen varias tradiciones y argumentos que quizás tendremos oportunidad de analizar. En primer lugar una visión evolucionista de la historia que nos habla del aumento progresivo de escala de las sociedades humanas (prehistoria local, edad antigua y media urbana y regional, edad moderna continental y edad actual global) y que presupone la institucionalización de la escala mundial como un estadio posterior que resulta de esta lógica acumulativa y que consolidaría y democratizaría la mundialización más allá de la actual globalización económica.
En segundo lugar la necesidad urgente de frenar, después del 11 de septiembre del 2001, la "mundialización" del terrorismo y de la política seguritaria consecuente, que han marcado un giro en la historia reciente y en cierto modo acelerado el camino hacia el caos, cuyo perverso capítulo presente es, como hemos mencionado, la amenaza de guerra contra Iraq.
En tercer lugar la expansión de la modernidad en general y la multiplicación de las migraciones en particular, ha dado lugar a la emergencia de la reflexión y la práctica de la "interculturalidad": en adelante cada una de las tradiciones culturales del mundo debe afrontar el desafío de reapropiarse esta modernidad. El diálogo para la gestión común del planeta es en primer lugar un diálogo entre culturas y en esta escala mundial posiblemente el espacio que mejor reune las condiciones adecuadas para un diálogo intercultural equilibrado es el que en la tradición occidental recibe el nombre de "parlamento".
En cualquier caso, nuestra convicción es la de que una estructura de tipo parlamentario es la más adecuada para gestionar la complejidad que implica la regulación de los aspectos compartidos de una comunidad de más de seis mil millones de personas. Un parlamento, a diferencia de una estructura más centralizada como la de un poder ejecutivo, y a diferencia de una estructura absolutamente fragmentada como la de los estados-nación actuales, puede ser el mejor lugar común de representación de la diversidad entre las fuerzas culturales, políticas y profesionales de nuestro planeta.
Este agora a escala humana que toma la forma de una sociedad en miniatura, facilita en primer lugar el consenso entre estas fuerzas diversas. Por otro lado en ella sus miembros pueden mutualizar experiencias y conocimientos que enriquecen la producción de la normatividad común. Finalmente, no menos importante es la necesidad de que todo esto no ocurra de espaldas al pueblo sino al contrario: la magnitud de la comunidad representada en un Parlamento Mundial habría de obligar a cada miembro, comisión o grupo transversal a multiplicar, consolidar y diversificar los diálogos con el exterior y a crear espacios de decisión compartidos con otras muchas instancias y actores.
En ese sentido, esta nueva institución no puede ser ya más un parlamento "tradicional" aunque pueda mantener una estructura parlamentaria formal. Así, paralelamente al tema de la aparición de una nueva dimensión jurídico - política a escala mundial, este foro va a plantearnos el desafío de inventar una nueva forma de parlamento que sea capaz de resolver ciertos problemas como por ejemplo los derivados de la competitividad entre partidos, de la ausencia de democracia interna en ellos, de la mediatización de la política, de los clientelismos y la corrupción, de las inercias políticas y burocráticas, del dinero y los intereses particulares que crea, de la falta de diálogo social y de iniciativas comprometidas con una transformación social en profundidad. Una democracia participativa y profunda debe llegar a impregnar las actitudes y la práctica de la gobernanza, y entre ellas las de la gobernanza global.
En fin, con la exposición de estos argumentos no pretendemos delimitar las posibilidades de la discusión sinó solamente incitarle a hacer sus aportaciones para enriquecer este trabajo en común. Por ello, la idea que prevalece y que nos moviliza en nuestro quehacer colectivo es la del Parlamento Mundial como una página en blanco que hay que escribir, contribuyendo con el diálogo a su definición y apropiación colectiva.
No olvide que con su granito de arena está colaborando a modelar el Parlamento Mundial que necesitamos ver realizado en el siglo XXI: un proyecto colectivo imprescindible para asegurar la armonía social en nuestro planeta. Un deseo de diálogo permanente en seguridad, convivencia y justicia para todas las personas y los pueblos. Le esperamos muy pronto entre nosotros.
Rob Wheeler, Arnaud Blin, Germà Pelayo,
Equipo de animación del foro PM21
Un Parlamento Mundial para el siglo XXI
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